Nosferatus, en la ex-carcel

Cuando tome la decisión (de nuevo) de ir a ver "Nosferatus", sabía que iba a ser extraño. Porque la crítica hablaba de un montaje mudo, sólo de 3 artistas y en una sala desconocida para mí. Llegando, me reciben 2 personajes disfrazados con un uniforme, con un sombrero con una botella con una flor en la tapa y un barco de papel. Entero choriflaiflístico. La cosa es que la función comenzo con casi 20 minutos de retraso. La sala llena esperaba por los artistas. Una escenografía albi-noire y escuálida en cuanto a artilujios.
Un violinista da la bienvenidad. Con una interpretación magnífica da el sonido de la obra completa. Excelente trabajo del "MONO" (nombre del músico) quien interpreta toda clase de melodías y efectos sonoros que provocan los sentimientos de la audiencia. Un público en su mayoría joven, con unos cuantos niños disfrutan de una velada en que el malvado vampiro seduce a doncella para llevarla a su castillo y consumar su acto lujurioso. La debilidad masculina por los cuellos es retratada en una mágica relación entre la música maléfica y el silente complicismo de la mujer que, a sabiendas del desenlace, juega con la situación y accede a la hospitalidad del vampiro. El personaje en todo momento se mantiene en la actitud de galán, del que no tiene nada que perder. Sus colmillos son el escudo perfecto para sus sombrías intenciones. La seducción de lo oscuro, del que se hace el encantado, solamente para alcanzar un provecho del "amor" inducido por la sangre. La interacción siempre se produce con un manto musical ad-hoc a la época, harto clasico, una marcha turca, una historia de amor, que es llevada por los actores como una comedia, pero que finalmente termina siendo un complicismo intrinseco de la situación. El vampiro está dispuesto a hacer lo imposible por lograr el premio de la noche. Cosa no muy distinta a lo que uno haría hoy en día, exagerando las cualidades y escondiendo las debilidades para impresionar y lograr tu objetivo. El lobo vestido de oveja (o de murcielago en este caso) comienza a ser modus operandis del roedor volatil. En resumen, la obra es un excelente cuadro de la realidad (o fantasía) del personaje. El público alcanza a persibir cada sentimiento del vampiro y de la doncella. El violinista aporta con ser la conciencia de ese galán que debe acercarse para lograr su objetivo.
Grata experiencia y gracias a la compañia "El cachiporrazo" por tan entretemido montaje.
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